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El Regreso del Corsario PDF Print E-mail


Frecuentemente escuchamos historias sobre embarcaciones de placer que navegan hacia el norte en busca de las aguas tropicales del Caribe, sin embargo a la hora de regresar casi nadie lo hace por la misma ruta, a tal punto que los veleros prefieren hacer una enorme parábola con un doble cruce del atlántico antes que navegar contra viento y marea al noreste del continente. En este relato narro mi experiencia trayendo el yate a motor Corsario desde Puerto La Cruz (Venezuela) hasta San Fernando navegando por la costa.

 

Comienza la travesía (parte I)

Completada la larga lista de trabajos, el barco volvió al agua para hacer una prueba de mar como ultima verificación antes de la travesía. Alfonso, ex tripulante y mecánico, hacia un mes que trabajaba en las reparaciones, Marvin con su colaboración y entusiasmo se gano un lugar en el puesto de ingeniero de abordo en tanto que desde Buenos Aires llegaba mi socio y gran amigo Ariel junto a Néstor.

Si bien Venezuela es un país petrolero y es mas barato tomar gasolina que cerveza para las embarcaciones de bandera extranjera hacer combustible es un verdadero incordio, tal es así que siendo imposible llenar los tanques en Puerto La Cruz opte por jugármelas y cargar en Cumana. Zarpamos el domingo 5 de octubre bien temprano navegando el Parque Nacional Mochima con mar calmo y la escolta de un grupo de delfines, al cabo de 4 horas estábamos abarloándonos a un Guardacostas que estaba amarrado en la estación de combustible, en pocos minutos una larga manguera salía del surtidor, atravesaba el barco de la autoridad y cargábamos 9.000 litros a un precio acordado con total impunidad, una buena propina y asunto terminado. Todo queda entre panas.

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Pensé que seria mas difícil, ese mismo día soltamos amarras y llegaba el momento de decir adiós a Venezuela, un ultimo llamado a los amigos, la tristeza, la ansiedad, la congoja y algún lagrimon que corrió por mi mejilla. Habíamos empezado el regreso, mas de 6 años en el caribe me dejaban una rica experiencia, el retorno se me presentaba largo y sabíamos que no seria fácil, la mitad del viaje iríamos en contra de los elementos para lo cual confiaba el el barco y mi tripulación pero además estaba la otra parte, la que yo no manejaba, la incertidumbre burocrática que encontraría en cada país y en cada puerto.

En la península de Araya alcanzamos a ver las ruinas del castillo que alguna vez sirvió para proteger las salinas de Cumana del saqueo de los piratas, la noche nos alcanzo pasando el Morro de Chacopata y las guardias quedaron establecidas por Ariel y Marvin por un lado y Alfonso con Néstor por el otro. Se turnarían por periodos de cuatro horas con un periodo de dos a parir de las 22 hasta la medianoche y luego hasta las dos de la madrugada, retomando el ciclo de cuatro horas. Al igual que los ingleses llamamos a esta guardia corta dog watch, este sistema fue muy aceptado por la tripulación ya que se invierten los horarios y se evita la rutina, mientras tanto yo quedaba como libero en mi puesto de Capitán.

Cenamos unos ravioles con salsa mientras nos mantenemos atentos a los numerosos pesqueros escasamente visibles en la noche sin luna. Marvin sostiene la teoría de que puede tratarse de piratas que apagan sus luces planeando la emboscada. Al amanecer luego de pasar el promontorio de Paria entramos a la bahía de Chaguaramas en territorio de Trinidad y Tobago.

Tomamos amarra en Crews Inn Hotel Marina, hicimos los tramites de rigor, completamos los tanques de combustible y aprovechamos la escala para hacer el cambio de aceite a los generadores. Disfrutamos de esta pintoresca isla y luego de un par de días nos permitimos una opípara cena en el restaurante de la Marina antes de reanudar nuestro viaje a la medianoche.

 

Adiós al Mar Caribe

A velocidad de seguridad esquivábamos los barcos anclados, las islas y un buque que navegaba de vuelta encontrada y que camuflado entre las luces de tierra divisamos a ultimo momento. A lo lejos vemos la bóveda de luz de la vecina isla Tobago y tras virar el promontorio de Punta Galera dejamos atrás el Pasaje de Los Galeones. Traspuesto este limite decimos adiós al Mar Caribe y hacemos rumbo a la boya de recalada del Río Surinam a unas 460 millas. Las plataformas de petróleo, el trafico de remolcadores y los suppliers mantienen las guardias entretenidas durante la noche. Luego de la salida del sol pudimos apreciar el enorme tamaño de las mismas y como los buques maniobran entorno con destreza acercando los insumos mediante plumas. También los pesqueros que a su lado se veían diminutos se debatían entre las patas del gigante para comercializar pescado fresco. El viento es leve y el mar nos regala ondas remolonas de un metro que disminuyen hasta calmarse con el transcurso de la tarde, el cuadro se completa cuando aparecen los simpáticos delfines y pequeñas aves agotadas se posan sobre la cubierta del fly. Cuando cae la luz vemos algunos relámpagos y a medianoche la lluvia nos toma en el cambio de guardia poniendo en uso los limpiaparabrisas. Entre chubascos y con un par de nudos de corriente en contra transcurrió la noche y a la madrugada estábamos a la altura de Georgetown, muy lejos de la costa sin ver tierra. Para el mediodía nuestro mecánico, el uruguayo Alfonso se dispuso a cocinar, preparo un rico plato a base de vegetales y arroz, siempre las comidas elaboradas eran apreciadas por algunos y despreciadas por otros, en realidad nunca estaba toda la tripulación conforme con la comida, el uruguayo no comía carne lo cual resulto un problema, Ariel apartaba la cebolla, el morrón, el huevo duro, el choclo y un montón de cosas mas. Néstor no se quejaba pero muchas veces solo revolvía el plato sin probar un bocado y no era por estar mareado ya que se bancaba bastante bien el rolido. A Marvin todo le venia bien pero solo cuando no lo afectaba el mal de la mar, o sea en tierra. De todas maneras nadie perdió peso ni se enfermo de escorbuto.

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Mediante el teléfono satelital realizo mi comunicación de rutina con nuestro invalorable apoyo terrestre, alli, del otro lado estaba dándome el parte meteorológico y valiosa información sobre puertos, recaladas y otros menesteres el Pato Duperron, veterano navegante con quien desarrolle el vinculo tras haber realizado el viaje inverso, en el año 2002 llevando el Corsario al Caribe.

La luna en cuarto creciente, apenas sobre el horizonte, ilumina un sendero plateado y a proa aparece el destello blanco de la boya de recalada, seguimos la línea de boyas y a un costado del canal, en cinco metros de profundidad dejamos caer el ancla para esperar el crepúsculo e ingresar al Río Suriname con luz.

La entrada es sencilla y esta bien señalizada, sobre la margen del río aparece la ciudad de Paramaribo, la capital luce limpia y ordenada, predominan las casas con techo a dos aguas siempre de tejas rojas, es dominio holandés y se refleja en las construcciones y en su gente. Su economía se basa en el petróleo y la minería y al igual que en las Antillas Holandesas la gente, en su mayoría de color, habla varios idiomas y son sumamente amables. Nos internamos en el río hasta pasar el imponente puente que lo cruza y amarramos en la bomba de combustible de Staatsolie la petrolera local. Allí cumpliendo las normas me coloque pantalones largos, borceguíes y casco para desembarcar a comprar el combustible, a bordo la tripula quedo aseando el barco con prohibición de pisar tierra, un supervisor llamado Rudyard se puso a mi disposición y me llevo con su pick up a realizar los trámites y el pago del combustible, explique a las autoridades que solo llenaría los tanques y zarparíamos de inmediato, de esa manera me permitieron la recarga sin dar entrada al país. Terminado el tramite burocrático nos encontramos con el problema de como cargar en una estación preparada para abastecer buques, las mangueras de carga tenían como cinco pulgadas y una brida especial en el extremo, por suerte el moreno que nos despachaba trajo una reducción y con mucha precaución, girando apenas la llave lograba el caudal suficiente para no ahogar el flujo de combustible, desde el cockpit Marvin le indicaba little by little, a little more…. So so…, Ariel mas impaciente se asoma y le dice ¡¡ dale un poco mas negro !!

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Y cruzamos el Ecuador

Aumentó la brisa y con el muelle a sotavento soltamos amarras y nos despegamos con dificultad, desandamos lo navegado por el río y con la ultima claridad dejamos atrás la boya de recalada, fue un día intenso, nuevamente somos nosotros y el mar, con la ayuda de la PC bajo el fax meteorológico con la situación sinóptica, no encuentro nada raro solo lo previsto, lo que tendremos por varios días, viento y corriente en contra.

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La luna se oculto temprano y nos dejo una noche oscura, a pesar de la poca visibilidad preferimos hacer las guardias desde el comando de la cabina ya que los rociones son constantes y alcanzan el fly, los pesqueros siguen siendo la mayor preocupación y como siempre nos relajamos con la salida del sol. Navegamos la costa de la Guayana Francesa y pasamos próximo a un grupo de islas que forman el archipiélago de las Islas de la Salvación donde la mas pequeña es la Isla del Diablo, allí existió la famosa cárcel que inspiro a Henri Charriere para escribir la novela autobiografica Papillon, donde cuenta las penurias que pasa en el penal y los intentos de fuga hasta que lo logra en 1941. Desde abordo solo vemos algunas construcciones pero nuestra imaginación llega mas lejos, distinguimos un velero anclado así que seguramente hoy es un destino turístico, de todas maneras no tengo intenciones de recalar allí.

La brisa afloja a unos 15 nudos, el cielo se despeja y aprovecho las buenas condiciones para tomar la altura del sol con el sextante y establecer la línea de posición al viejo estilo. Hasta no hace muchos años este era el único método para obtener la posición en el mar, y aunque hoy nos parece algo asombroso y arcaico, el método tiene suficiente precisión y es un buen ejercicio para las neuronas en las largas horas de navegación.

Para la medianoche habíamos pasado Cabo Orange, limite fronterizo entre Guayana Francesa y Brasil, nos esperan muchas millas por la larga costa carioca aunque entrar en Brasil es para mi sentirme mas cerca de casa, dejo la dog watch, y con la puesta de la luna me voy a descansar.

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Con la luz del día Alfonso coloca la nueva bandera de cortesía y luego de la rigurosa mateada, mientras quedo en guardia con Ariel, el resto de la tripula se encarga de la lenta tarea de trasvasar combustible. En cubierta llevamos 10 tambores plásticos de 200 litros bien amarrados, cuyo gas oil pasamos a los tanques principales mediante una bomba portátil de 12 volts, la tarea no es difícil pero con el rolido debemos ser cuidadosos para evitar derrames y pacientes ya que el proceso nos llevaba dos horas.

La corriente en contra de unos tres nudos y el viento de unos veinte en la misma dirección hacen lento nuestro avance, no obstante la moral esta alta y preparo una buena tallarinada con abundante salsa pesto que Néstor no comió, no se si por el ajo, la albahaca o por ambos. Los pesqueros abundan, muchos están anclados con largas líneas de cabo y no vemos gente a bordo, siembran banderitas por todas partes y es difícil adivinar por donde pasar, sin embargo nos vamos habituando y nos preocupan cada vez menos, con luz las esquivamos pero de noche quien sabe cuantas pasamos por arriba.


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Mientras pasan la horas la situación empeora, atropellamos las olas una tras otra, los rociones mojan la cubierta y con cada pantocazo el barco cruje por todas partes. Regularmente bajamos a sala de maquinas a hacer los controles de rutina, los motores trabajan bien pero apareció una pequeña fuga de escape que esta llenando de hollín todo alrededor.

En la mañana del 13 de octubre las cinco cabezas con igual cantidad de cámaras de fotos apuntan a un mismo objetivo, el GPS. Los minutos disminuyen como la cuenta regresiva de un cronometro anticipando el cruce del Ecuador, el acontecimiento se vivió con alegría pero no dio para disfraces y bautismos según la tradición, ya que no se podía estar en cubierta y en la cabina el mal de la mer tenia a mal traer a la mayoría. Nos separan algunas millas del waypoint que establecí para hacer el cambio de rumbo e iniciar el ingreso al Río Para, un enorme curso de agua que forma parte de la cuenca del Amazonas, sus costas son bajas y las distancias son tales que es imposible verlas desde el medio del río en su desembocadura, sus aguas son oscuras y es difícil adivinar adonde están los bajofondos. Gracias al chart plotter vamos ingresando con seguridad ya que no hay boyas, balizas, ni referencias, solo espero haber cargado bien los waypoints.


Continuara...

Last Updated on Sunday, 17 April 2011 11:11
 
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