Home Articulos El Regreso del Corsario II
El Regreso del Corsario II PDF Print E-mail

 

Por la cuenca del Amazonas (parte II)


Regreso del Corsario II

El viento fuerza 5 ahora se opone a la corriente y como consecuencia se producen olas altas que nos regalan lindas barrenadas. Utilizo una isobata de seguridad como referencia para pasar el Banco Sao Roque y mantenerme en la margen occidental del río. A unas 35 millas sobre uno de sus afluentes esta Soure, un pequeño poblado en el que según me dijeron existe la posibilidad de hacer combustible, de ser así evitaremos navegar hasta Belem al doble de distancia sobre la otra margen del río. Un faro en forma de pilar de mampostería con cuatro caras y pintado a franjas rojas y blancas marca la entrada al puerto natural, una vez dentro del río calma el viento y la marejada mientras a velocidad de seguridad nos acercamos al poblado en busca del surtidor. Pasamos algunos muelles, esquivamos un bajofondo, franqueamos la zona céntrica y llegamos a un recodo sin encontrar una estación de servicio, en realidad solo vimos una pequeña bomba situada en lo alto de una barranca, no hay muelle de amarre solo unos palos que no ofrecen garantía para las 70 toneladas del Corsario. Muy cerquita de allí fondean los pesqueritos locales que conforme cae la tarde van llegando para ocupar un lugar, nosotros cansados, optamos por hacernos sitio entre ellos para pasar la noche al ancla. Marvin se ofreció para quedarse de guardia así que después de cenar temprano nos fuimos a dormir. La noche no fue lo relajada que me hubiese gustado, al cambiar la marea el barco borneo y me despertó la alarma de garreo, luego dos o tres veces nuestro vigía interrumpió mi sueño porque estábamos arriba o peligrosamente cerca de algún barco y por temor a que nos aborden. Si bien los pescadores parecían inofensivos Marvin no podía alejar sus fantasías sobre un ataque pirata y a decir verdad todos somos concientes de que en estas aguas fue asesinado el gran navegante Peter Blake cuando intentaba disuadir a unos delincuentes de abordar su barco.


Resulto improbable cargar diesel allí así que temprano zarpamos hacia Belem remontando el Río Para, desde lejos avistamos los rascacielos de la ciudad mas grande de Amazonas y una de las mas importantes de Brasil. Vemos muchas embarcaciones pequeñas que son como largas canoas cabinadas propulsadas por un motorcito de bajas revoluciones y que además llevan un aparejo donde izan una rudimentaria vela cangreja para aprovechar los constantes vientos alisios. Hay que ver lo marinos que son estos botes a pesar de su frágil apariencia. Atravesamos el ancho río en diagonal, nos acercamos a la Isla do Mosqueiro donde cruzamos una chata cargada de hacienda en pie y al cabo de tres horas de navegación llegamos a la localidad de Icoaraci en donde amarramos al concurrido Posto Fluctuante para hacer combustible. Hay mucho tráfico y las canoas se nos abarloan o se mandan bajo la roda para que les alcancen una manguera y poder cargar.

Regreso del Corsario II Regreso del Corsario II

Completamos la carga con 7400 litros y pago en efectivo con una montaña de reales. Continuamos la navegación admirando la imponente ciudad y anclamos frente al Iate Clube de Belm, los muchachos bajan el bote auxiliar y se dirigen ansiosos a pisar tierra, pasa sobre nosotros una turboada acompañada de un fuerte chubasco que como un pampero sucio dura pocos minutos. La tripula aprovecha para pasear por la ciudad y vuelven con novedades, fotos y una linda impresión de este lugar. El club esta abandonado pero el encargado nos habla de importantes proyectos para el mismo que seguramente llevaran a cabo en un futuro cercano.

Regreso del Corsario II Regreso del Corsario II

Con la estoa de pleamar zarpamos el 15 de Octubre como a las diez para hacerlo corriente a favor, el Pato me había recalcado que aquí hay que navegar con la corriente y así lo hicimos hasta ahora, las primeras millas fueron agradables pero a medida que nos acercamos a la desembocadura el viento de proa aumenta produciendo altas olas en forma de escarceos que encapillamos violentamente, salimos por un pasaje entre dos grandes bajofondos dejando el banco Do Esparadarte con su espumante rompiente sobre estribor pasando por el canal del mismo nombre. Nos cruza de vuelta encontrada una flota de pesqueros de altura que navegan en franco, varias chalupas veladas cortan ágilmente las olas, nosotros vemos como la proa del Corsario queda sumergida en una masa de agua, nos sujetamos para soportar el golpe, el mar pasa sobre cubierta y se filtra al interior por la escotilla, perezosamente el liquido fluye por los imbornales de cubierta. Milagrosamente los tambores se mantienen en su lugar gracias a sus amarres pero ha desaparecido el farol busca huellas de proa, se levanto una tabla de la tapa de regala y el pulpito quedo medio retorcido sujeto por unos pocos tornillos. Las tablas que tan prolijamente habíamos colocado en Pto. La Cruz para proteger el parabrisas, también desaparecieron. Con la ultima claridad dejamos el canal y el caudaloso Río Para, la navegación sigue dura aunque la noche nos regala una hermosa luna llena que ilumina el mar, debemos relajarnos y descansar, nuestra siguiente escala será en Fortaleza a 600 millas de donde estamos y las condiciones se mantendrán con viento y ola de jeta, en fin que aguante el Corsario y nosotros también.

 

En contra de los elementos

Los pesqueros y su mar sembrado de banderitas son una constante que hay que atender, algunos ni siquiera aparecen en el radar y mas de una vez nos llevamos un susto. Al día siguiente habíamos consumido 2000 litros de Gas Oil y ya era tiempo de trasvasar el oleo diesel, la maniobra no fue fácil con tanto zarandeo y luego de finalizada Alfonso y Néstor regresaron a la cabina chorreando agua salada.

La fuga de gases se ha incrementado, aparentemente están rotas las juntas de los escapes, como consecuencia el hollín ha oscurecido la sala de maquinas y esta taponando los filtros de aire. Preocupado por la situación tomo un martillo y un pequeño cincel y realizo varios agujeros en la tapa metálica de los mismos para que los motores puedan seguir respirando, debemos llegar a Fortaleza ya que los puertos en esta parte de la costa son difíciles de practicar y poco confiables, además debemos llegar a un centro urbano lo suficientemente importante como para encontrar los elementos para reparar el barco.

Regreso del Corsario II

Nos encontramos a la altura de Sao Luis donde se encuentra el limite del estado de Para con el de Maranhao, en Brasil se debe dar entrada al país y luego es preciso hacer zarpes intermedios cada vez que uno cambia de estado, excepto la aduana hay que pasar por los otros organismos lo cual es tedioso y burocrático, nosotros todavía ni siquiera hemos dado entrada en el país y tengo previsto hacerlo en Fortaleza donde seguramente pasaremos algunos días para reparar y descansar.

Para entrar en sala de maquinas me disfrazo de deshollinador, mi atuendo se compone de zapatos, mameluco, guantes de goma y una mascara con filtros para poder respirar, además llevo una linterna porque las luces esta con una gruesa capa de hollín y no iluminan, para aumentar la circulación de aire hemos retirado las rejillas de ventilación en cubierta y dejamos abierto el tambucho que conduce a la sala de maquinas lo que genera a la vez otro inconveniente, la entrada de agua salada que ha impregnado todo y dejo inutilizado el freezer y el cargador-inversor de baterías que llevamos allí abajo. Para completar la larga lista de averías encuentro que uno de los soportes que mantienen elevado el generador de babor se ha desprendido y la pesada maquina baila la conga con cada pantocazo, imposible sujetarlo y mejor no pensar en que pasaría si se cae el motor…

Regreso del Corsario II

No obstante la necesidad de una buena comida me encuentra dejando mi traje de deshollinador para ponerme el delantalcito de cocinero y dorar unas presas de pollo para hacerlas a la cacerola con arroz, esta vez comieron todos, incluso Alfonso tras separar la carne que aprovecho Ariel.

El viento llega a fuerza 6 y las olas son de unos 3 metros, para atenuar los golpes disminuimos la velocidad a 8 nudos y en la noche me acerco bastante a la costa esperando menos marejada al navegar aguas poco profundas. Pasamos Ponta Itapague y cambio el rumbo diez grados a estribor esperando poder cortar mejor las olas pero al parecer al cambiar la dirección de la costa también lo hicieron las olas y les seguimos pegando tan duro como antes, el barco cruje por todas partes y es imposible dormir en las camas por los saltos, tiramos los colchones al suelo donde es mas factible descansar. Se percibe el cansancio y el malestar, el smog llego a la cabina y estamos padeciendo dolores de cabeza por la inhalación de CO2, trascurre la noche y me alienta pensar que en la mañana estaremos en Fortaleza.

Pasamos Ponta Paracuru muy cerca de la costa donde enormes generadores eólicos giraban movidos por el viento. Muy cerca de nuestro destino paso al lado de una boya roja que marca el extremo de una cañería subacua y hacemos rumbo a lo que suponemos es el Hotel Marina Park, dejamos un viejo barco hundido por babor y nos dirigimos al antepuerto, en momentos en que nos disponemos a anclar para esperar instrucciones nos encontramos con que el malacate no funciona, Alfonso al inspeccionar el pozo de cadenas comprueba que se desprendió la caja sellada de los controles y que quedo pendiendo del único cable que no se corto. El dock master nos ayudo desde su bote a tirar largos cabos a la costa para sujetar la proa y amarrar el barco popa al muelle, la marina es cómoda y el hotel de lujo, estamos agotados aunque felices, bajando por la rampa que conduce al muelle flotante veo a mi mujer que llego ayer por avión, corre por el muelle a abrazarme, a besarme, estamos emocionados y las lagrimas nos mojan las mejillas.

Regreso del Corsario II Regreso del Corsario II

 

La vuelta al codo

Llegar a Fortaleza fue concluir la primer mitad del viaje, creíamos que allí terminaba la parte mas difícil, fueron 2000 millas un poco a las corridas donde solo nos detuvimos para reabastecernos. De aquí en mas nos restan otras 200 millas de proa hasta virar el Cabo Calcagnar y después de allí, al cambiar el rumbo los vientos predominantes nos serán mas francos. Armando, el dock master, me facilito los tramites para hacer la entrada y también realizo las gestiones para que me traigan combustible a la marina, cargándolo directamente con una larga manguera y una bomba, hicieron falta tres carros de 2000 litros para completar la carga. Pasamos 5 días de trabajo muy sucio para limpiar la sala de maquinas, los motores y todo aquello que estaba impregnado con hollín, después buscamos y encontramos la causa tomándonos cuatro días mas completar las reparaciones para tener nuevamente el barco a son de mar. Claro que no fue todo trabajo, aprovechamos las tardecitas para pasear, visitamos el mercado, la vieja cárcel, recorrimos la Beira Mar, fuimos a bailar y comimos platos típicos. Nos encontramos con amigos de St. Maarten y Ariel se reencontró con Enrique, una antigua amistad. En Fortaleza desembarco Marvin y retomo su posición a bordo Marcela, a quien no me costo convencer de embarcar en este puerto para evitar pasarla mal en la parte mas dura del viaje.

Regreso del Corsario II

Transcurridos 22 días desde que zarpamos de Puerto La Cruz reanudamos el viaje y nos hacemos nuevamente a la mar contra un viento del este de 20 nudos, mantenemos el sistema de guardias y Marcela ocupa el lugar de Marvin haciendo equipo con Ariel, enormes dunas blancas forman la topografía costera, vemos las sombrillas en la playa pero no llegamos a ver las cariocas en bikini. La tarde esta soleada y preferimos viajar en el fly a pesar de los esporádicos rociones. Vemos Jangadas por todas partes, estas son embarcaciones de madera con fondo plano, orza y un remo como timón. Son totalmente estancas, llevan una enorme vela mayor y a veces un pequeño foque, por lo general las tripula un solo hombre que pesca mientras navega y suelen aventurarse a mas de 20 millas de la costa en estas precarias embarcaciones. A la altura de Maceio corrijo el rumbo que ahora nos lleva directo al Cabo Calcagnar, el codo que forma el extremo mas oriental del vecino país que es también la punta de Sudamérica mas cercana a la costa de África. Dejamos al sur una gran zona petrolífera donde las torres petroleras forman una verdadera ciudad iluminada en medio del mar, su resplandor se sigue viendo a la distancia conforme nos vamos alejando. Las condiciones no han variado y continúan los golpes, los crujidos, el rolido y los cimbronazos. A la mañana siguiente alcanzamos las coordenadas del punto que ubique al NE del Cabo Calcanhar y por fin. ¡¡¡Viramos!!!, anoto el acontecimiento con mayúsculas en el libro de bitácora y me uno a los festejos. Luego de variar 40 grados el rumbo la navegación cambia considerablemente, el barco navega mas suave, hay menos ruido y en las guardias de descanso se duerme como en una mecedora, escuchando el monótono ronroneo de los motores. Para el mediodía estamos cerca del Cabo San Roque donde vemos sobre la costa un campo de molinos de viento, también compruebo que se ha desprendido la luz todo horizonte de fondeo y el pesado farol colgando del cable, golpea contra soporte el como el badajo de una campana.


Continuará….

Last Updated on Sunday, 17 April 2011 11:18
 
Copyright © 2017 Viento Franco. All Rights Reserved.
Joomla! is Free Software released under the GNU/GPL License.