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A toda vela


Los pozos del barca grande.

Llevábamos años hablando del viaje, pero el tiempo y la distancia nos jugaban en contra; en los últimos tres meses hicimos los preparativos y planificamos la ruta. Solicite unas largas vacaciones para diciembre y fijamos la fecha para el 16. Por fin la noche anterior nos juntamos las dos tripulaciones y mientras degustábamos la pizza de Carlitos intercambiábamos anécdotas y las perspectivas para el crucero.

Rumbo a Martin Garcia

La noche de verano fue fría y con los últimos mates dejamos San Isidro a toda vela, el Tormento y el Verónica III parecen danzar sobre las aguas del río que algo arbolado alcanza el metro cuarenta por efecto del viento sur. Rápidamente alcanzamos la boya Km.23 y ponemos rumbo al antiguo mareógrafo de San Isidro, lo dejamos por babor cruzando el canal Mitre a la altura del par Km. 34.5, a partir de aquí comienza nuestra aventura ya que la ruta elegida no es usual para los veleristas y existen los fantasmas de los bajo fondos, el refulado, los barcos hundidos, los caños, etc. Sin embargo somos concientes de las bondades de nuestros microtoners, tan capaces de navegar en un charco como de soportar un fuerte chubasco. Con la ayuda del compás y el GPS llevamos rumbo a un waypoint ubicado en el extremos SE del pozo del Barca Grande (wp I 34 22,7- 58 20,6), navegamos con mucha agua bajo la quilla hasta que la ecosonda da un salto de los 3 a los 8 metros indicándonos que alcanzamos el pozo, el aumento en la marejada es la confirmación tangible. Con el foque atangonado el viento nos lleva a orejas de burro siguiendo el curso de la canaleta, gozamos de algunas barrenadas mientras cortamos un salamin y tomamos unos amargos, mientras tanto nos mantenemos comunicados por VHF elogiando nuestros barcos en un derroche de vanidad. La charla es amena y el sol nos acaricia mientras el río nos regala su belleza. El frondoso monte de árboles de la isla Martin García comienza a verse mas nítido auque todavía queda mucho por recorres, es mas planificamos estar allí mañana si Neptuno lo permite. A lo lejos vemos una lancha colectiva que navega siguiendo los palos apenas visibles, los va dejando a babor en su ruta aguas arriba, nos sirve de gran ayuda indicándonos por donde pasa el canal. Nuestro siguiente waypoint (wpII 34 18,8 – 58 23,2) esta situado en proximidad al palo #5 (*) y según nuestras cartas debemos esperar una disminución en la profundidad. Alcanzamos el canal y con ayuda de los binoculares fuimos localizando y siguiendo los palos que marcan la aguada del Barca Grande y que utilizan las lanchas que llevan pasaje a Martin García. Con cartas de mas de 10 años podemos comparar las variaciones en la topografía, producto del constante crecimiento del delta; Islas, árboles y juncales ocupan zonas donde solo había agua. Dejamos por estribor el extenso grupo de las Islas Solís y no tardamos en alcanzar la Isla Oyarbide donde pretendemos recalar. Los cambios en la profundidad nos juegan una mala pasada y no logramos encontrar buenos sondajes por el norte de la isla, una vez mas fue una colectiva la que nos marco el recorrido. Encontramos el arroyo Oyarbide con un árbol caído obstruyendo la entrada, atravesados a la fuerte corriente llevo el barco cruzado para evitar que la misma nos arroje sobre las ramas amenazantes, justo en la embocadura varamos, teniendo que izar un poco la orza para entrar.

Amarrado en Martin Garcia

 

Un tributo a la amistad

En un sector donde el arroyo se ensancha anclamos los barcos al borneo ya que la frondosa arboleda frustro nuestros intentos de alcanzar la costa a causa de los mástiles que se enredaban en las ramas. El resto de la tarde lo ocupamos pescando, mateando y poniéndonos al día sobre nuestras vidas. Hacia cinco años que no veía al flaco Víctor, un personaje al que parece que el buen humor nunca lo abandona, que tienen la facultad de hacer que la moral del grupo este siempre alta, especial para compartir las largas horas de navegación. Lo conocí en San Clemente a fines de los 90 desarrollándose entre nosotros una fuerte amistad, las circunstancias lo llevaron a emigrar a España generando la brecha en el tiempo. Christian, mi otro tripulante es de los que se dice un “verdadero amigo”, nuestro lazo viene desde la infancia, oriundos del mismo pueblo compartimos el colegio, deportes, campamentos y nuestras primera millas por las lagunas y esteros de los pagos del Tuyu, tuve oportunidad de verlo por ultima vez hace mas de tres años y navegar con el es como volver a las aventuras de nuestra adolescencia. Mientras el día va dejando paso a la noche, Ariel arma la mesita en el cockpit mientas va tendiendo una telaraña de cables para colocar una luz suspendida de la botavara, un porta tabletas Fuji de 12 volts y la radio-TV portátil de cinco pulgadas. Capitán y dueño del Verónica III fue mi socio en la Escuela de Náutica durante diez años, camarada y buen amigo, el siempre esta cuando lo necesito. Su humor alegre, pícaro y suspicaz hace un muy buen contrapunto con el del flaco Víctor, convirtiendo el transcurso de las horas en una delicia. A bordo lo acompaña Leandro a quien conocí más recientemente y me ha regalado una amistad amable, sincera y desinteresada, hoy hace sus primeras armas en la vela con gran entusiasmo.

La noche llego mas fría que la anterior y una pasta caliente con vino tinto nos asienta de primera, planificamos los últimos detalles de la siguiente etapa y nos vamos a dormir temprano.

 

Amarrados en Martin Garcia

 

Un tributo a la amistad

 

La isla Martin García

Las aguas del arroyo quietas como el cristal reflejan las copas de los sauces que se sacuden con el viento mientras se escucha el característico silbido de las casuarinas. Con la marea bastante baja nos alistamos para zarpar, abandonamos el arroyo franqueando la barra en la desembocadura e inmediatamente atacando con la proa a la corriente para evitar ser arrastrados sobre el árbol muerto. Navegamos velozmente ayudados por la corriente, siguiendo la costa de la isla Oyarbide hasta montar la línea imaginaria de la prolongación del muelle, cruzamos el profundo canal Buenos Aires y buscamos abrigo al socaire del elevado espigon donde dejamos los barcos abarloados en la playa con apenas un pie de agua bajo la quilla.. Un oficial de la PNA se acerca a tomar nuestros datos y a hacernos saber de su preocupación por la situación de los veleros que podrían vararse con la bajante. Prometemos regresar a cada hora pero igualmente queda mas compungido que nosotros.

Isla Martin Garcia

Esta pequeña isla no tiene nada que ver con el resto de nuestro delta, esto se debe a que es parte del afloramiento de rocas arcaicas que pertenece al macizo de Brasilia que también dio lugar, hace 1800 millones de años, a las sierras de Tandil. El resto de las islas son de formación aluvional y van creciendo conforme avanza el delta, tal es así que la vecina isla Timoteo Domínguez ROU hoy se ha unido con Martin García ARG, sin embargo las cuestiones limítrofes quedaron claras luego de la firma del Tratado del Río de la Plata (1973), donde además el gobierno argentino dispuso su utilización como reserva natural para la conservación de la flora y la fauna autóctonas. La isla fue descubierta por Juan Díaz de Solís (1516) y en tiempos del virreinato del Río de la Plata ya era utilizada como presidio y lugar de reclusión, siendo además un punto estratégico por poseer aguas mas profundas que Buenos Aires. Tal es así que fue artillada y se desarrollaron algunos combates durante la guerra de la independencia argentina y mas tarde en la guerra del Brasil. Durante el gobierno de Rosas, mientras se llevaba a cabo la “conquista del desierto”, los jefes indios capturados fueron confinados a aquel reducto. Aparte del presidio existía un lazareto con enfermos infecciosos terminales que eran cremados allí mismo luego de su muerte. Algunos importantes políticos de nuestra historia también estuvieron presos en Martin García, tal es el caso de Hipólito Irigoyen, Juan Domingo Perón y Arturo Frondizi. Hoy solo quedan las ruinas de lo que fue la cárcel y al caminar por la isla encontramos por todas partes placas, monumentos y vestigios de su historia. El antiguo semáforo, cuya función era indicar los datos de marea a los navegantes mediante el uso de balones y banderas, todavía permanece de pie, aunque abandonado y corroído por el oxido. La misma suerte corre la hermosa torre con luminaria que alguna vez funciono como faro. Un cartel con la leyenda “en restauración” también muestra el deterioro del paso del tiempo.

Isla Martin Garcia

Víctor intenta en vano fotografiar un enorme lagarto que ágilmente gana unos arbustos, desde la copa de un espinillo un chimango vuela en círculos buscando algún roedor escurridizo. Mientras caminamos por una de las calles encontramos un niño muy amable que nos indica donde hallar el sendero que nos lleva a la laguna y mientras andamos entre los árboles un simpático colibrí extrae el polen de una pasionaria en flor. La antigua cantera desde donde se extranjeros los adoquines para algunas calles de Buenos Aires se transformo en una hermosa laguna rodeada de frondosa arboleda, en sus aguas alcanzamos a ver una graciosa nutria y una tortuga que se asoleaba sobre un tronco.

El apetito nos lleva al Comedor Solís, un lugar muy bien ambientado donde nos sirven una variada entrada y exquisitos platos de cocina recién elaborada. José y Marita, sus dueños, nos brindaron un calido servicio y como sobremesa un colorido dialogo donde nos ilustraron sobre la historia y algunos misterios de la isla.

Con el sol todavía alto regresamos a los barcos que yacen apenas varados, un leve empujón y ya estamos navegando a toda vela. Elegimos una playita de arena para embicar los veleros y darnos un placentero baño en aguas del Río Uruguay. Con el crepúsculo vespertino regresamos al arroyo Oyarbide y esta vez logramos pasar un cabo a tierra para anclar a la mediterránea. La cocina queda en manos de Leandro, quien prepara una pasta a los cuatro quesos que acompañamos con una botella de buen vino, entre anécdotas y risas.

Preparando el regreso


Con el río seco

Si bien barajamos otras posibilidades decidimos desandar lo navegado y regresar por nuestra estela, esta vez la brisa del noreste se llevó el agua del río dándonos una buena oportunidad para verificar las profundidades de nuestra ruta. Levantamos la orza para pasar la barra del arroyo y costeando el norte de la isla Oyarbide nuevamente debemos reducir el calado para atravesar el bajo fondo y alcanzar las aguas profundas del Barca Grande. Seguimos la ruta de los palos aguas abajo sin inconvenientes y a la altura del palo #5 establecemos el rumbo reciproco a nuestros waypoints I y II a lo largo del pozo. La corriente es tan fuerte que por momentos las velas se acuartelan al ser arrastrados mas rápido que el viento, llegado el momento alteramos el rumbo y nos dirigimos al “marciano”, a pesar de haber dejado el pozo y de la bajante alcanzamos el par Km. 34,5 sin sondear menos de un metro y medio. Previendo la llegada de la parte mas difícil me comunico con la Prefectura de Olivos quienes me informan la altura de mareas en solo dos décimas sobre la cota. Reducimos la velocidad navegando con foque y motor en apenas 60 centímetros de agua hasta atravesar el extenso banco, antes de llegar a la boya Km. 21 calamos nuevamente la orza y establecemos la mayor para completar el último tramo del trayecto a vela. La escollera de San Isidro nos muestra cinco escalones cuando pasamos la baliza de entrada a puerto, cerrando de esta manera un viaje que hacia tiempo teníamos pendiente, cumpliendo el propósito de llegar a Martin García con los micros y a toda vela, dejándome además la dicha de compartir gratos momentos con mis mejores amigos.


(*) En la última edición de la carta H118 este palo tiene el #6, en la realidad tiene pintado el #5. Las coordenadas de los wp I y II son orientativas, esta navegación debe hacerse por apreciación visual y controlando la profundidad constantemente.

Last Updated on Sunday, 17 April 2011 11:00
 
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