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A nuestros héroes

Debo reconocer que me cuesta enormemente abordar el tema Malvinas ya que esta muy metido en la fibra de los argentinos y no es mi intención recordar el porque de nuestros derechos soberanos, las causas político militares que nos llevaron a la guerra y los sucesos según se fueron dando. Yo simplemente quiero transmitir algunas vivencias que me relacionaron con Malvinas y que dejaron en mi una marca. No por no haber ido al frente (tenia solo 14 años), sino por lo que me depararía el destino siete años mas tarde. Oportunidad en que cinco argentinos a bordo del velero Patagón (Tritón 28) alcanzamos las islas y amarramos frente a Puerto Argentino.

Lo que vendría después, me llevaría a tomar mayor conciencia por los hechos ocurridos y a verme involucrado en situaciones emotivas que cambiarían mi vida para siempre.

Es por eso que hoy, a 20 años de la Gesta del Atlántico Sur, siento la necesidad de transcribir algunas páginas de mi diario de navegación ( que guardé celosamente durante estos 13 años) en las que desde el vientre del Patagón vivíamos los recuerdos de las batallas, de los que pelearon demostrando haber tenido las pelotas bien grandes y de los que hoy descansan en Darwin, aquellos que después de 20 años tendrán su merecido monumento junto a las tumbas.

Quienes me conocen saben que no puedo contar nuestro viaje sin emocionarme y tal vez sea por eso que muy raramente lo menciono, pero hoy, en estos tiempos en que mas que nunca debemos recuperar nuestra identidad siento la necesidad de relatarlo como un sincero homenaje a quienes dieron todo por nuestra bendita Patria.

 

TRAS SU MANTO DE NEBLINA *

27 de enero de 1989

Tomo la guardia a las cinco de la mañana, llevamos dos manos de rizos y foque, el viento está del NE y hace mucho frío pero bien abrigado se soporta.

No sabemos con certeza nuestra posición, solo tenemos la astronómica del día anterior, sin embargo sabemos que estamos muy cerca de las Islas. La visibilidad está reducida por niebla y nuestra estima nos dice que a nuestro sur está la Isla Soledad.

Termino la guardia y me preparo un jarro con chocolate para calentar el estómago. Pensaba permanecer despierto pero como sentía los pies muy fríos decidí meterme en la bolsa de dormir para calentarlos y me quedé profundamente dormido.

Me despierto, cambio mis medias y salgo a cubierta. ¡Se ven las Islas!, muy cerca nuestro un acantilado se recorta bajo la niebla. ¡Estamos aquí! Un sueño que me parecía lejano se está tornando realidad.

No estamos totalmente seguros de que realmente se trate de la Isla Soledad y esto nos preocupa.

La escasa visibilidad no nos permite tomar buenas referencias. Nos limitamos a avanzar siguiendo la isobata de los 100m lo que nos da la seguridad de contornear las Islas.

Mantuvimos rumbo E y pasamos a la isobata de los 70m, mantenemos el rumbo, si la profundidad aumenta estaremos pasando la plataforma insular, esto nos dará la pauta de que es la Isla Soledad, de lo contrario, si la profundidad disminuye es porque estamos en la Gran Malvinas, metiéndonos en la Bahía Sucia, delimitada al norte por el Cabo Leal, el que despide una peligrosa restinga que en cuyo extremo emerge la roca Remolinos que es visible.

También utilizo una radio manual como gonio, sintonizando la emisora de Puerto Argentino hago girar el aparato hasta que la señal desaparece, en ese instante tomo la marcación. Esta me da 200º lo que confirmaba aún más que vamos por buen camino.

Navegamos por la isobata de los 50m y logramos distinguir lo que seguramente es Punta Voluntario.

A las 15:20 hs Javier se pone en contacto por VHF con Puerto Argentino (Stanly, para ellos); una dulce voz femenina opera la radio y en un momento pregunta

- ¿Where are you coming from?

- Buenos Aires, Argentina.- Respondió Javier, emocionado.

La señorita nos solicitó que nos volvamos a poner en contacto al entrar al puerto.

A bordo todos gritamos y nos abrazamos, mientras saltan las chapas de las cervezas y descorchábamos una sidra fresca.

El viento amaina y soltamos toda la mayor para llegar más rápido.

Me encuentro al timón, la brisa aumenta y el Patagón se va a la orza, trato de aguantarlo pero el timón no responde, insisto pero es inútil, no siento la presión del agua. Hemos roto el timón, a tan solo 10 millas de nuestro destino final.

Con el barco al pairo nos ponemos a trabajar, Tony, Ariel y Javier sacan la caña en desuso y buscan la del timón de fortuna. El Vasco y yo en proa tratamos de desamarrar la pala de fortuna, tiene demasiados nudos así que saco la navaja y corto los cabos.

En 10 minutos instalamos el nuevo timón, arriamos las velas y seguimos con viento de sentina. Mientras atravesamos la Bahía de la Anunciación, el Vasco divisa un gran faro, ¡es el Don Felipe que nos marca la entrada a puerto!.

Ya estamos entrando, ¡no lo podemos creer!. A nuestro través está la Punta Celebronia y una boya I.A.L.A. cardinal este y al sur, el cabo San Felipe con su faro color negro que lleva una franja blanca en su cintura.

El agua se tranquilizó y los cerros se asoman entre la niebla, a estribor sobre una península quedan restos de una antigua construcción. En la banda opuesta, en una parte alta del cabo hay un gran cañón.

Un pesquero verde abandona el puerto a gran velocidad, su capitán nos saluda. Otro buque está fondeado.

Caemos a babor hasta ver la estrecha entrada de la bahía donde se encuentra el puerto y su población

El pequeño pueblo está implantado en la ladera de un cerro, sobre la costa se alza la pintoresca capilla, al este descansan los restos de un viejo velero, con sus tres palos machos y un largo botalón, seguramente fue una hermosa fragata. (1)

Recibimos órdenes de tomarnos a un gran boyón. La maniobra dio un poco de trabajo, el viento se había incrementado y llegaba a los 35 N. Al cuarto intento logramos amarrarnos.

Javier descorchó una botella de champagne y al estilo “podio” nos roció a todos, brindamos, nos abrazamos y festejamos haber llegado a la meta.

Creo que es importante destacar que la botella de champagne era un regalo que le habían hecho a Javier el año anterior para que la abriese al llegar al Cabo de Hornos, como esta empresa no pudo llevarse a cabo la botella quedo a bordo y esta vez si brindamos con ese champagne en nuestro destino.

Por primera vez luego de 7 años, nuestro pabellón flamea en Malvinas, nos lo propusimos y lo logramos, entramos con el noble Patagón sin que nadie se entere y aquí estamos orgullosos de ser los primeros argentinos en llegar a las islas luego de la guerra del ´82.(2)

Desde Control de Puerto se comunicaron con nosotros para que explicásemos nuestra situación.

En el interior del Patagón saboreamos una picada con cerveza mientras hacemos comentarios sobre el viaje. Miro por la escotilla y veo que se acerca una lancha, ya están al lado y nos abordan tres personas. Luego de ordenar rápidamente el caos que teníamos a bordo los invitamos a pasar, café de por medio empiezan las preguntas y les dejamos nuestros datos. Javier les explica que tenemos el timón roto y que nos gustaría repararlo antes de irnos. También necesitamos reponer agua y unos 25 litros de gasoil.

Los ingleses se comportan cortésmente, nos explican que no podemos bajar a tierra y nos dicen que van a solucionar nuestros problemas. Comprenden que nuestras intenciones son meramente deportivas y que para nosotros como navegantes, el llegar a Malvinas significa un trofeo por una verdadera travesía.

Nos despedimos y llaman al habilidoso rubio que maneja la lancha.

Disfrutamos de nuestra amarra, tomamos fotos y más tarde cenamos fideos con un tuco muy espeso.

El anochecer parece un sueño, el pequeño poblado se brota de lucecitas amarillas y tras el contorno del cerro, el cielo toma un color violáceo techado por diversos nubarrones grises.

Felices y agotados nos fuimos a la cama.

 

NO LAS HEMOS DE OLVIDAR *

28 de enero de 1989 Durante la noche me despierta un fuerte chaparrón, me acurruco en mi lecho y sigo durmiendo.

Nos despertamos tarde, el Vasco se jugó y nos esta cebando unos mates mientras Ariel reparte galletitas untadas con miel.

Lavamos y ordenamos todo el barco, el Patagón brilla por todos lados y su nombre se destaca en el cubre mayor.

Los ingleses nos llaman para decirnos que vienen en 10 minutos. Nos apuramos con lo que falta acomodar, puntualmente se acercan y la lancha se nos abarloa. A bordo viene un hombre con un traje de neoprene, seguramente es el buzo que va a comprobar nuestra avería.

Trabajamos en el timón, mientras ayudo a sacarlo Tony y el Vasco invitan con buen vino al principal de ellos (no se cual es su cargo) y a sus ayudantes. Luego de unos minutos de trabajo logramos sacar lo que quedo del timón, ya que se partió donde termina el eje y el pequeño skeg.

Nos dejaron los bidones con el agua que habíamos pedido y se llevaron el timón.

El cielo se esta despejando y Febo comienza a calentar, las camperas, bolsas de dormir, trajes de agua, etc., cuelgan por todo el barco.

Pasadas unas tres horas regresan con el timón reparado y el buzo para colocarlo. Le continuaron el eje con un caño al que le soldaron un chapón cuadrado que remplazó la parte perdida. Lo colocamos y quedo muy bien, ahora tenemos timón para volver.

Casi todos los que vinieron en la lancha están en el interior del Patagón, compartimos café mientras nuestro interprete se comunica con ellos. Sin embargo hay algo que todos comprendemos sin necesidad de traducción, tenemos solo dos horas para prepararnos y abandonar el puerto.

El pronostico que nos dieron es bueno y luego de un debate optamos porque nuestro próximo destino sea Mar del Plata, sin escalas y en rumbo directo navegando por el medio del océano.

Debemos acatar las órdenes, tenemos lo que pedimos, agua, gasoil y el timón reparado.

Aprovechamos el tiempo que nos resta para higienizarnos y estibar todo correctamente.

El Patagón esta listo para zarpar, son exactamente las 18:40 hs del 28 de enero de 1989. Nos juntamos en el cockpit junto a nuestra bandera para entonar las estrofas de nuestro Himno Nacional que suena a todo volumen. Aquí estamos, en estas inhóspitas islas que todos amamos y que desde chicos nos enseñaron que son nuestras. Contemplo el puerto y los montes en los que murieron muchos hombres por nuestra patria. Se me eriza la piel y un lagrimón me corre por la mejilla, un estrechamiento en mi garganta no deja fluir las palabras. Nuestro pabellón flamea y nuestra canción patria se diluye en el corazón de las islas. Nos abrazamos, estamos felices de estar aquí.

Debemos marcharnos, nos liberamos del boyón de amarre, y a motor lentamente abandonamos el puerto, un par de delfines nos acompañan, sentimos como si hubiesen venido a saludarnos.

La lancha de prácticos se acerca mientras uno de sus tripulantes, el rubio que lleva un crucifijo en la oreja, no deja de sacarnos fotos.

Nos despedimos del faro San Felipe y miramos por ultima vez aquellos montes, solo que esta vez detrás brilla el cielo azul, el cielo argentino, el cielo de nuestra bandera.

La lancha regresó y quedo escoltándonos un enorme guardacostas rojo y blanco, que lleva en su banda una inscripción en letras negras que dice “Fishery Patrol”, también lleva el escudo de las “Falklands”. Estamos condenados a tenerlo presente hasta abandonar la zona de exclusión.

La noche vino muy fría y sopla del NE a 20 nudos, llevamos poco paño para no forzar el timón, nuestro rumbo es 330 verdadero, directo a Mar del Plata.

Martin Pachiani, Abril 2002


* 1º verso de la Marcha de Malvinas

* 2º verso del la Marcha de Malvinas

(1) El “Lady Elizabeth” arribó a Malvinas en 1913 con un cargamento de madera, al entrar a Puerto Argentino colisiono con una piedra que le ocasionó importantes averías. El buque quedó fuera de servicio y fue usado como depósito flotante hasta que en 1936 fue depositado en la costa donde yace actualmente

(2) El primer velero deportivo argentino que estuvo en Malvinas fue el “Fortuna” en el año 1972, dos años más tarde un grupo de navegantes, liderados por Carlos Saguier Fonrrouge, llevaron embarcados una flota de 4 grumetes para disputar algunas regatas y difundir la náutica deportiva en las islas, desde entonces no tengo conocimiento de la recalada de algún otro velero con bandera Argentina.

Tripulación: Javier Brizuela, Tony López, Santiago Iza, Ariel Perez y Martín Pachiani

Last Updated on Saturday, 30 April 2011 17:57
 
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